EnglishEspañol

NOTICIAS

[COLUMNA] Los Lagos tiene rostro de bono

Buscar culpables a la crisis que ha provocado la marea roja parece ser una de las acciones más rápidas en estos días: salmoneras, cambio climático, mal manejo del Gobierno, etc. Buscar soluciones, por el contrario, ha sido algo más complejo y poco visible. Pero siempre la entrega de un bono, con más o menos recursos, pareciera ser la forma de dar punto final a este tipo de controversias.

Las tendencias del último tiempo y las investigaciones científicas indican que el nivel de siniestralidad ambiental va a incrementarse con el paso de los años y la región de los Lagos no ha sido la excepción, sin embargo no se han generado los cambios institucionales y culturales que se esperarían. En ese sentido, ¿qué medidas estamos tomando como sociedad regional para entender los factores y dinámicas de estos desastres? ¿Qué acciones de prevención, mitigación y recuperación de los desastres estamos impulsando ¿Qué tiene que pasar para que tomemos este toro por las astas?

q5

Protestantes en Chiloé | Foto: Agencia Uno

Hoy no son sólo los pescadores y mariscadores, las recolectoras de orilla y los representantes de las comunidades lafkenches quienes deciden manifestar su malestar sobre la situación que están viviendo. Ahora se suma el comercio local a estas protestas. Hoy vemos a muchas personas movilizadas y es importante que la comunidad sepa que detrás de esas personas hay historias de esfuerzo y precariedad laboral, jefas de hogar que con esto no sólo pierden la posibilidad de comercializar sus productos, sino que ponen en riesgo el alimento diario de sus hijos, hombres y mujeres cuya vida ha estado ligada a la labor extractiva del productos del mar y a las que no es fácil reconvertir en costureras, soldadores o peluqueros como alguna vez se hizo en Lota. El derecho al trabajo en condiciones equitativas y satisfactorias es un derecho humano garantizado en todos los tratados internacionales de los cuales somos parte y para el que no existe excepción. Debemos sumar a ellos a quienes habitan en el archipiélago interior y que no tienen visibilidad: son más de cuatro mil personas que residen en las islas que se inician desde el seno de Reloncaví y concluyen junto al golfo de Corcovado, quienes dependen directamente de mariscos para complementar una dieta precaria, pues la abundancia de peces del pasado, es hoy en día sólo parte del relato de los mayores.

¿Será posible terminar esto con el aumento de un bono?, o más concretamente: ¿Será un bono la solución necesaria y pertinente a esta crisis? Difícil respuesta, pues ya hemos comprobado que la caridad por sí sola no es suficiente para entregar soluciones que apuesten a una labor de desarrollo sostenible. Se requiere de planes, políticas y procesos que sean capaces de mirar más allá que el problema puntual que hoy se nos presenta. Se requiere de una mirada que nos permita entender la situación que se vive en cada uno de los territorios vinculados a las actividades del mar.

Definitivamente, los bonos son un tipo de medida de orden paliativo, que no soluciona ni aborda responsablemente los problemas de fondo, además, en su lógica estrictamente paliativa, también exhiben una eficacia decreciente con el paso del tiempo. La gente percibe cómo este tipo de medidas se ha transformado en la única medida que se toma para enfrentar estas catástrofes. Los bonos no sólo son como tapar el sol con un dedo, también han estimulado un pensamiento erróneo: creer que la solución a nuestros problemas regionales yace en el monto o valor de una transferencia de dinero desde el Estado central, como si hubiese una moneda de cambio equivalente a la pérdida de trabajos productivos, modos de vida, formas de cooperación comunitaria.

Es cierto que los bonos pueden liberar parte del estrés económico que provoca la imposibilidad de ganarse la vida trabajando. Sin embargo el desafío es definir qué inversiones, medidas, regulaciones y capacidades locales estamos generando para prevenir, mitigar y reparar los desastres. La gente modesta de nuestro país se da cuenta de ello y está cansada de que intenten taparle la boca con un bono que en dos meses más no será más que un mero recuerdo, pero que seguirá viviendo expuesta, vulnerable y a la espera del próximo siniestro.

A través del trabajo desarrollado por la Fundación Superación de la Pobreza durante 20 años en la Región de Los Lagos, con su Programa Servicio País, hemos tenido la suerte de que hombres y mujeres que trabajan día a día en nuestras costas nos hayan permitido compartir sus experiencias y enseñarnos sobre sus problemas y las posibilidades de solución adecuadas a su realidad. Pero lamentablemente la estructura de oportunidades asociada a temas de fomento productivo busca siempre que sea el pequeño productor quien deba adaptarse a los requerimientos, seguramente levantados en alguna oficina del nivel central. En el caso de los grandes gremios, su posibilidad de presión es mayor, pero para quienes han desarrollado toda la vida actividades consuetudinarias como la recolección de orilla, las posibilidades de que los instrumentos estatales se hagan cargo de su realidad se hace casi imposible.

Esto no es un tema sólo de los pescadores, no es un tema sólo de los chilotes o de las comunas costeras, es un tema de Región, un tema que debe re-movernos a todos, obligarnos a visibilizar a quienes comparten nuestro territorio y quienes realizan una labor que nos ha permitido alimentarnos y desarrollar nuestras ciudades. Formamos parte de una región de la cual no sólo debemos sentirnos orgullosos por la tradición, sino que tenemos que resguardarla y potenciarla como eje productivo para un desarrollo a escala humana y no sólo para las grandes industrias. Definitivamente el “bono” no basta.

 

Columna de Claudia Muñoz, Directora Regional Fundación Superación de la Pobreza Los Lagos.