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OPINIÓN | La tecnología al servicio de la superación de la pobreza, por Juan Carlos Feres

Los desafíos que Chile se ha planteado en materia de focalización de las ayudas estatales, más allá de las distintas concepciones existentes sobre el rol y énfasis de tales ayudas, han requerido y seguirán necesitando importantes saltos tecnológicos que pongan al día la gestión de información social del Estado. Por eso fue tan importante la creación del Registro Social de Hogares con un énfasis en la información disponible en la administración pública, y por eso es tan importante ahora el nuevo Atlas de Acción Social, presentado recientemente por el Ministerio de Desarrollo Social.

Se trata de una herramienta que realiza la georreferenciación de indicadores que provienen de distintas fuentes, especialmente del Registro Social de Hogares, donde en la actualidad se reune y procesa información de alrededor del 74% de los chilenos (12,8 millones de personas y 4,79 millones de hogares), entre ellos, por cierto, los hogares con menores ingresos y mayor vulnerabilidad.

Este Atlas cubre por el momento 75 comunas urbanas, las de mayor tamaño, pero esperamos que avance hacia las ciudades menores y, especialmente, a las comunas rurales, aplicando seguramente un criterio diferenciado para ese tipo de territorios. A través del programa de intervención social Servicio País y de nuestra línea de estudios Propuestas País, otorgamos gran centralidad a las problemáticas territoriales, porque creemos que de la participación social en este nivel pueden emanar las soluciones más pertinentes y efectivas para encarar la heterogeneidad de realidades que hoy caracteriza a la pobreza en nuestro país.

Por ello valoramos tanto este tipo de herramientas, porque pueden llegar a convertirse en un referente fundamental de un nuevo tipo de decisiones públicas, que permitan mejorar la identificación de prioridades así como la eficacia de las acciones que propenden al desarrollo social.

Desde la Fundación, tenemos la convicción, por ejemplo, que ya no basta con abordar la pobreza desde su estricto marco doméstico, donde prevalece una mirada respecto de que los hogares y familias sufren las situaciones de pobreza y las consecuencias de la desigualdad sólo en una dimensión individual. La pobreza se vive también en comunidad y muchas de las soluciones serán más efectivas si se abordan desde la misma comunidad, de ahí que las ayudas dirigidas a las familias deban ser complementadas con medidas que transformen los entornos sociales e institucionales de las personas, familias y comunidades.

Pero, ¿qué hacer con el Atlas? Ese es el gran desafío para el próximo tiempo. Una cuestión crucial es cómo creamos las condiciones para que esta valiosa herramienta converse con la oferta programática estatal de manera eficaz, tomando en cuenta la dimensión espacial y el cambio que trae consigo la adopción de lógicas territoriales en materia de políticas sociales.

Publicado en Estrategia.