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Columna: ¿Somos flojos los ariqueños y parinacotenses?

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Cuatro de cada diez chilenos y chilenas opinan que una persona es pobre porque es floja, según los resultados de la última encuesta del Centro de Estudios Públicos.

Debilidad, cansancio, pereza, negligencia, son algunos sinónimos de este concepto que la gente identifica como la causa de vivir en pobreza. Ampliando su significado, respecto de la gente que opina aquello, podría decirse que flojera es falta de iniciativa, estar acostumbrado a que el Estado resuelva los problemas, querer todo gratis, en definitiva, vivir con graves carencias y no tener el más mínimo impulso vital para hacer algo en beneficio propio y de la propia familia.

Lamentablemente este juicio sobre la flojera se escucha con frecuencia en lo cotidiano, no solo a nivel nacional sino también en nuestra región y en especial en la ciudad de Arica, la que concentra el mayor porcentaje de habitantes de la región. Ha ocurrido que en algunos seminarios donde me han invitado a dialogar sobre pobreza y vulnerabilidad, he comenzado con la pregunta sobre cuáles son las variables que generan la pobreza y la tendencia es que al menos un tercio de los presentes se inclina por la flojera. Lo que mas duele y alarma es que estos juicios han ocurrido en seminarios en Arica donde la mayoría de los asistentes son estudiantes o profesionales del área social, que justamente, dedican o dedicarán su trabajo a la superación de la pobreza y la vulnerabilidad.

En este sentido me pregunto con ironía: ¿somos flojos los ariqueños y parinacotenses?

Las personas que responden a este cuestionamiento con la visión tan instalada sobre flojera y pobreza, y este es un juicio propio, responden a una visión particular sobre la vida, a lo que por décadas ha buscado instalar, y con aplastante éxito, el capitalismo, libre mercado o sistema económico actual. En esta visión individualista lo válido es “rascarse con las propias uñas”, es decir, el problema de la pobreza no es de una sociedad entera, sino todo lo contrario, su superación depende de cada uno. El éxito en la vida depende del propio esfuerzo y por lo tanto el “fracaso”, también. De ahí que, tensionando aún más la premisa, una persona “es pobre”, simplemente, porque ha tomado la decisión de serlo.

Yo le preguntaría a quienes trabajan tiempo completo y reciben el ingreso mínimo, si es que cuentan con un empleo protegido, en cualquier labor, qué piensan sobre esta supuesta decisión. Porque en Chile el 53,5 % de los trabajadores gana menos de $300.000 y el 70 %, menos de $426.000 líquidos, según Fundación Sol. Qué paradoja de país.

A parte de enfermamente centralista, Chile es también muy individualista. Se niega a construir y mirar en la vida comunidad, y es ahí donde nace la principal frontera a la hora de lograr un país más justo y equitativo.

En la región aún persisten brutales inequidades territoriales, más del 60% de su población rural esta carente de servicios básicos, un 58% de la población rural presenta situaciones de pobreza multidimensional (Salud, Educación, Trabajo y habitabilidad), la región cuenta con un 71 % de sus localidades en condiciones de aislamiento territorial, lo que conlleva a una deficiente distribución de oportunidades de calidad en educación, salud, trabajo y vivienda. ¿Cómo es posible que sigamos pensando que la principal causa de la pobreza es que la persona decidió serlo?

Pero el libre mercado siempre es bueno. No relacionamos las injusticias sociales que evidenciamos a diario con la colusión de las empresas. Tampoco consideramos como desigualdad el abuso de poder o cómo la evasión tributaria de grandes consorcios afecta no solo el crecimiento sino que también el desarrollo de los chilenos/as. Tampoco consideramos que el 91.4% de los jubilados recibe pensiones menores a los 153 mil pesos, y tampoco nos percatamos de cómo la excesiva centralización del gasto público afecta de manera más intensa a las regiones extremas y localidades aisladas.

La principal causa de la pobreza en Chile no es la flojera, sino la injusticia social que nos persigue desde que nacimos como país.

Sería interesante también, como lo planteó Benito Baranda hace un par de meses, que la encuesta CEP incluyera no sólo la pregunta sobre las causas de la pobreza, sino una sobre las causas de la riqueza. Qué adjetivos se obtendrían.

Columna de Edwin Briceño, Director Regional de Fundación Superación de la Pobreza – Arica y Parinacota
Publicado en El Puerto Libre
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